Igbert Marín Chaparro

La historia de Igbert Marín Chaparro, un teniente coronel venezolano, es un claro ejemplo de la represión y la injusticia que imperan en Venezuela bajo el régimen de Nicolás Maduro. Su detención el 2 de marzo de 2018, junto a otros oficiales por supuesta conspiración, es solo el inicio de un calvario que ha puesto en evidencia las violaciones sistemáticas de los derechos humanos en el país.

Convocado a una reunión con altos mandos del ejército, Marín Chaparro se presentó con el único objetivo de expresar el creciente descontento entre las filas militares. En vez de ser escuchado, fue apresado y sometido a un proceso judicial que lo imputó por instigación a la rebelión, recibiendo una condena de seis años de prisión. Desde su detención, ha permanecido recluido en condiciones infrahumanas, primero en los sótanos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) en Boleíta, cuya infraestructura no puede considerarse ni siquiera adecuada para el encarcelamiento.

Las atrocidades cometidas contra él no terminan ahí. Marín Chaparro ha tenido que recurrir a huelgas de hambre como única forma de protesta ante la opresión que vive en prisión. La más reciente, realizada el 28 de enero de 2023, culminó tras 67 días sin alimentarse, un acto desesperado motivado por la prohibición de practicar deportes, una actividad que siempre había sido parte fundamental de su vida. Esta medida no solo refleja la crueldad del régimen, sino que también señala un intento deliberado de despojarlo de su identidad y dignidad.

    El 19 de febrero de 2024, su traslado a la cárcel El Rodeo I en Miranda marcó el inicio de una nueva etapa de sufrimiento. Familiares han denunciado que las condiciones han empeorado aún más. Despojado de sus pertenencias y con restricciones severas para recibir alimentos básicos, Marín Chaparro vive en un estado de abandono absoluto, privado de acceso al sol y con una alimentación que no satisface sus necesidades mínimas. Además, se le ha negado la comunicación con sus hijos, aumentando la angustia y el sufrimiento de su familia, que clama por justicia en un contexto de total impunidad.

    Para colmo, recientes denuncias informan que se le han hecho nuevas imputaciones, con penas que pueden alcanzar hasta 30 años de prisión en el contexto de la infame “Operación La Viñeta”. Este hecho revela no solo la arbitrariedad de un sistema judicial corrupto, sino también un ataque sistemático contra quienes se atreven a cuestionar el poder.

    La situación de Igbert Marín Chaparro debe indignar a la comunidad internacional, que no puede permanecer en silencio ante tales violaciones. Es un llamado urgente a la acción, a la defensa de los derechos humanos y a la exigencia de condiciones dignas para todos los prisioneros políticos en Venezuela. La lucha por la libertad y la justicia no se detendrá mientras haya quienes son perseguidos por alzar la voz contra la tiranía.

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