

La condena de 30 años de prisión impuesta al matrimonio formado por María Auxiliadora Delgado Tabosky y Juan Carlos Marrufo Capozzi es una muestra más del ensañamiento del régimen chavista contra aquellos que se atreven a desafiar su autoritarismo. Estos hechos, que parecen sacados de una novela de terror, son la cruda realidad de muchos venezolanos que, bajo el yugo de un sistema judicial corrupto, ven cómo la justicia se convierte en un arma de persecución política.
María, con doble nacionalidad venezolana y española, y Juan Carlos, un militar retirado con nacionalidad italiana, fueron detenidos en marzo de 2019 en su hogar en Carabobo. Su “delito”: ser familiares de una persona que las autoridades chavistas buscan sin motivos claros. Desde entonces, han vivido un auténtico calvario en los calabozos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) en Caracas. Fue en octubre de ese mismo año cuando la esperanza parecía asomarse, al recibir un permiso de libertad que rápidamente fue anulado por nuevas acusaciones, absurdamente graves: terrorismo, traición a la patria, homicidio frustrado, entre otros.
Es escalofriante que en este caso no se presenten pruebas sólidas; las bases legales para las condenas permanecen en la penumbra, al igual que la transparencia del proceso judicial. La fiscal, para colmo, solicitó que se apagaran las cámaras durante la audiencia, lo que genera aún más sospechas sobre la falta de legitimidad del juicio.
Tal vez, esta acción revela una intención deliberada de desafiar a la comunidad internacional, pues el caso está actualmente bajo la lupa de organismos como la ONU y la Corte Penal Internacional. Sin embargo, el régimen parece insistir en su camino de represión, ignorando cualquier llamado a la justicia.
Este caso no solo representa una injusticia más en un país donde la violencia y la opresión son moneda corriente, sino que marca un precedente alarmante.
La pena máxima impuesta a esta pareja, sin evidencias que la sustenten, es un acto vil que debe causar indignación en todos aquellos que valoran la justicia y los derechos humanos. No podemos permitir que el régimen continúe debilitando nuestra fe en un sistema que debería protegernos. La lucha por el reconocimiento de la dignidad humana no termina, y cada voz que se alza contra la injusticia es un paso más hacia la libertad. La comunidad internacional debe actuar y exigir la liberación de los Marrufo Delgado y de todos los presos políticos en Venezuela.





