Yusimar Montilla

La historia de Yusimar Montilla es una tragedia que refleja las penurias del sistema judicial y penitenciario en Venezuela. Esta joven madre, con apenas 25 años y en su séptimo mes de embarazo, fue detenida por un operativo de la Dirección de Contrainteligencia Militar  junto a otros militares bajo acusaciones graves que aún no han sido demostradas. El supuesto plan para asaltar el Fuerte Paramaconi y detener a la entonces gobernadora de Monagas, Yelitze Santaella, se convirtió en el arranque de una pesadilla que cambiaría su vida y la de su familia para siempre.

El 15 de agosto de 2019, mientras se encontraba recluida en la cárcel de La Pica, Montilla sufrió dolores de parto y fue sometida a una cesárea. A pesar del dolor y la fragilidad que conlleva dar a luz, solo tuvo el privilégio de sostener a su bebé, una niña, durante menos de 24 horas antes de ser devuelta a la prisión. El hecho de haber sido separada de su hija desde esos primeros momentos críticos es una de las numerosas injusticias que ha tenido que enfrentar.

A lo largo de su encarcelamiento, Yusimar no ha podido amamantar a su hija como establece la ley venezolana en el Código Orgánico Penitenciario, que aboga por el derecho de las madres a cuidar de sus bebés en los centros de reclusión. Las visitas familiares se convirtieron en breves encuentros que no siempre sucedieron, lo que ha afectado gravemente la salud física y emocional de la pequeña. Problemas de salud como amibiasis e infecciones urinarias han surgido en la niñez de la bebé, quien además necesita la presencia constante de su madre.

    La historia de Montilla no solo se limita a su relación con la hija menor. También es madre de un niño, quien vive con sus abuelos y ha demostrado un comportamiento problemático en respuesta a la ausencia de su madre. La angustia de no saber cuándo volverá a ver a su madre le ha llevado a la depresión y a un bajo rendimiento escolar, reflejando cómo la injusticia que vive Yusimar resuena en los corazones de sus seres queridos.

    Desde su condena a 7 años y 9 meses de prisión por cargos de rebelión y traición a la patria, el juicio de Montilla ha estado marcado por irregularidades y un absoluto desdén por parte del Estado hacia sus derechos. A pesar de que su familia ha intentado conseguir representación legal privada, el sistema parece obstaculizar cualquier esfuerzo por buscar justicia y verdad.

    La distancia entre la prisión de Ramo Verde, a más de 500 kilómetros de su hogar, y la imposibilidad de visitas físicas ha añadido más carga emocional a una situación ya desgastante. Los informes sobre su estado de salud son escasos, y sus familiares temen por su bienestar físico y psicológico.

    La historia de Yusimar Montilla es solo una de muchas que reflejan las injusticias que se viven en el país. La lucha por su libertad y la reunificación con sus hijos es un grito de esperanza en medio de la desesperación. Es tiempo de que se escuche su voz y la de tantas otras madres separadas de sus hijos sin justificación.

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