Yosida Vanegas

El 4 de agosto de 2018, la vida de Yosida Vanegas, una mujer de 67 años, se transformó en un auténtico calvario. Su hijo, el sargento Juan Carlos Monasterio, fue detenido por agentes de seguridad del Estado venezolano, acusado de participar en un atentado contra Nicolás Maduro. Desde ese momento, la sombra de la persecución y la represión se lanzó sobre ella como un oscuro presagio de lo que estaba por venir.

Cinco años después, el 15 de agosto de 2023, Yosida se encontró nuevamente atrapada en las redes de un régimen que no conoce límites. Habitante del estado Táchira, había regresado a Venezuela con la esperanza de ver a su hijo, quien enfrentaba complicaciones de salud tras una operación de emergencia. La angustia que la llevó de vuelta a su tierra natal se convirtió en un cruel giro del destino: sin que las autoridades la buscaran, fue detenida, acusada de financiar al terrorismo y asociación para delinquir. ¿Por qué? Porque osó enfrentarse a un sistema que considera cualquier acto de amor por sus seres queridos como una traición imperdonable.

Las condiciones de su detención son espeluznantes. Yosida no solo ha sido víctima de desaparición forzada, sino que ha enfrentado torturas psicológicas, un abuso que desgarra tanto su cuerpo como su alma. Hoy, es una de las presas políticas que reflejan la cruel realidad de un país donde la disidencia es reprimida con mano de hierro.

La desesperación de Yosida es aguda. Ella, que regresaba a su país buscando atención médica para sí misma —necesitaba una colonoscopia debido a pólipos detectados en sus intestinos que causaban sangrado rectal— ahora se enfrenta a un sufrimiento inimaginable. Sus dolencias físicas, sumadas a problemas de artrosis degenerativa y tensión arterial incontrolable, se agravan en el ambiente inhumano del Inof, donde su vida parece depender de las escasas muestras de humanidad de algunas compañeras de prisión.

Mientras su familia permanece exiliada, temerosa de las represalias del régimen, se estima que la detención y el abuso que sufre Yosida han profundizado su trastorno depresivo ansioso severo. Es desgarrador pensar que una madre, cuya única falta ha sido amar a su hijo y buscar justicia, se encuentra en esta situación desesperante, lejos del amparo de los suyos.

La historia de Yosida Vanegas es un grito silencioso que resuena en cada rincón de la sociedad venezolana; es un reflejo de la indignación que sentimos ante la cruel injusticia que se cierne sobre aquellos que solo buscan defender sus derechos y los de sus seres queridos. No podemos cerrar los ojos ante este calvario. Es hora de que el mundo escuche su clamor y actúe en consecuencia. ¡Basta de silencio y complicidad!

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